Los días corren... no tan presurosos como me gustaría, pero al menos corren... espero estar en Iquique, abrazando a mi hermano, a mi mamá... a todos... pero por sobre todo a Felipe que tanta falta me hace...
Les cuento... con él crecimos juntos, compartimos las más variadas experiencias y más de alguna que otra anécdota que nos marcó por el resto de nuestras vidas...
Con Felipe estaremos nuevamente cara a cara... nos separan casi dos mil kilómetros y lo que más siento en falta son sus palabras, sus puntos de vista tan humanos, tan seguros de su ingenuidad... Mi hermano ha vuelto a nacer... y yo quiero verlo en primera fila.
Algunos seres humanos necesitan llegar hasta el fondo del pozo para tomar fuerzas y salir de allí... Felipe es uno de ellos... su pasión por vivir al límite lo lleva por caminos a veces intransitables para mí... Su pasión por la vida me lo ha devuelto...
Entiendo que no entiendan... solo comprendan que los seres humanos necesitamos amar a los que están cerca, pues aquellos que están lejos a veces no son un buen blanco para nuestros corazones que tan mala puntería tienen...
Amar lo que está cerca... mejorar lo que está al alcance de la mano es un avance que bien podría ser básico... egoísta dirán algunos, pero yo les replico que es mejor eso que ni siquiera saludar al vecino cuando, con la mirada gacha, barre la calle inmerso en quizás en qué pensamientos...
En fin... pronto estaré caminando por las playas de Iquique con mi hermano al lado... con mi hijo revoloteando a nuestro alrededor... con mi corazón regocijándose del momento... Hoy estoy frente al computador, pensando en un futuro que promete...
18 de octubre de 2005
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